Tu sonrisa, el “pegamento social” que además te ayuda a ser más longevo

En las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela las sonrisas son nuestro principal objetivo y el motor de nuestra ilusión. Somos muy conscientes del gran impacto que una buena sonrisa tiene, tanto para la vida profesional, como personal de todos, y por eso queremos que nuestros pacientes se sientan orgullosos de la suya y sonrían con confianza, y tratamos de contribuir a ello mediante nuestros tratamientos de ortodoncia.

Pero, además, los numerosos estudios científicos que se están llevando a cabo en torno al poder de la sonrisa, están demostrando que tienen una influencia mayor de la que imaginamos sobre la salud y el bienestar de todos.  Hoy en día se sabe que el simple hecho de sonreír nos hace sentir mejor. Fue Charles Darwin quien realizó la hipótesis del feedback facial, que nos explica el motivo por el que es bueno hacer sonreír a alguien que no lo está pasando bien; pero también se sabe que cuando uno está pasando por un mal momento, esbozar una sonrisa ayuda a mejorar las emociones.

Uno de los temas recurrentes es la universalidad de la sonrisa. La sonrisa no es un gesto social aprendido, sino que es un gesto universal que actúa como “pegamento”. Está demostrado que si se sitúa a una cría de mono frente a dos humanos desconocidos, instintivamente  siempre se irá hacia el que le sonríe y no hacia el que no.

sonrisa bonita

Para averiguar si la sonrisa es cultura, Paul Ekman, realizó diversos estudios sobre expresiones faciales en tribus de Nueva Guinea. La tribu Fore se encontraba completamente desconectada de la cultura Occidental y descubrió que sus miembros sonreían en las mismas situaciones que lo hacemos en Occidente.

Gracias a estas investigaciones, hoy sabemos que a los humanos nos cuesta fruncir el ceño ante una persona que nos sonríe. Fueron los suecos de la Uppsala University los que lo pusieron de manifiesto presentando a los participantes en un estudio distintas caras que mostraban expresiones faciales positivas y negativas, mientras les pedían que trataran de mantenerse neutros, sin sonreír ni fruncir el ceño. Los resultados mostraron que cuando una persona veía una cara sonriente era más propensa a sonreír que cuando le mostraban una cara con el ceño fruncido.

Ver una sonrisa es un desafío a nuestro cerebro, ya que, tal y como os hemos contado en este blog de las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela, es contagiosa.

Uno de los estudios más llamativos es el llevado a cabo por los Investigadores de la Wayne State University en 2010 fichas basándose en las fotografías de jugadores de baloncesto anteriores a los años cincuenta y contrastándolas con sus datos. De este experimento concluyeron que aquellos que no sonreían vivían una media de 72,9 años, mientras que los que exhibían amplias sonrisas vivían una media de 80 años. Esto no quiere decir que por sonreír se aumente la longevidad, pero lo cierto es que cuando alguien es risueño hay otros factores que contribuyen a una mayor esperanza de vida.

 

 

 

 

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