¿Ortodoncia invisible u orgullo bracket? ¡Tú decides!

Hace 1.800.000 años que el ser humano busca la mejor manera de perfeccionar la alineación de las piezas dentales y su armonía con la cara. Según el paleontólogo Antonio Rosas, cuando el aumento del cerebro y la disminución de la cara que comenzó a experimentar el Homo dio lugar a grandes cambios en la dentición y la adaptación entre el maxilar superior y la mandíbula empezó a producir desajustes en la oclusión, generando problemas de mordida.
Fue Hipócrates de Cos (460-377 A.C), médico de la Antigua Grecia, el primero en reflejar en uno de sus libros que la mala posición de las piezas dentales podría corregirse por cuestiones estéticas. Por ello se considera que fueron los griegos los primeros en preocuparse por la correcta colocación de los dientes, ya que, en buena medida, de los dientes depende la forma de tu cara.
Desde entonces han cambiado muchas cosas. Aunque las aportaciones de Edward H. Angle se consideran el inicio de la ortodoncia moderna (a finales del siglo XIX), las técnicas han ido experimentando una gran evolución, por ejemplo, los molestos tornillos de los primeros tratamientos (que perjudicaban la estructura de los dientes) se sustituyeron por gomas elásticas, y en 1928 aparecieron los primeros brackets. Pero lo que también ha cambiado es la consideración social de la ortodoncia. Si hace unos años se consideraba que llevar aparato afeaba, y la imagen se asociaba a la de adolescentes y “nerds”, desde hace un tiempo se ha originado el “orgullo bracket”. Llevar brackets no sólo no es motivo de vergüenza, sino que gusta, hasta el punto de que en países como Indonesia existe la posibilidad de obtener ortodoncias falsas por lo equivalente a unos cien euros, y en internet proliferan preocupantes vídeos en los que se explica cómo fabricarse uno mismo un aparato falso con papel de aluminio y pegamento.
Pero además, cada vez son más los adultos que acuden al ortodoncista para corregir sus problemas de oclusión o los defectos de posición de sus dientes. Aunque a muchos no les importa lucir los brackets metálicos tradicionales, u optan por los llamados brackets estéticos, que se camuflan con el tono natural del diente, hay otros que prefieren optar por un tratamiento de ortodoncia invisible para realizar el tratamiento con la misma eficacia pero sin que se vea en absoluto. Son los llamados brackets linguales, que se pegan en la cara interna del diente y por tanto no se ven al sonreír, ni al hablar, ni al comer.

ortodoncia invisible

Los brackes linguales se pegan en la cara interna de los dientes, y por eso son invisibles

Aunque los alineadores transparentes también son muy discretos y son “de quita y pon”, la ortodoncia lingual es completamente indetectable para los demás.
Es importante señalar que la colocación de los brackets linguales para el ortodoncista es algo más compleja que la de los tradicionales, por eso es importante recurrir a profesionales especializados y expertos en la técnica como la Doctora Beatriz Iglesias Sánchez.
Es un tratamiento que han hecho posible los avances tecnológicos, ya que mientras la cara externa de los dientes es lisa y es para todos igual, la cara interna es distinta en cada diente, por lo que es necesario recurrir a tecnología 3D para digitalizar las piezas dentales del paciente gracias al escáner intraoral y esa imagen 3D es la que se utiliza para realizar los brackets de manera individualizada y en oro.
Tanto si quieres lucir brackets como si prefieres mejorar tu sonrisa con discreción, en las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela de Santiago de Compostela y Ourense tenemos el tratamiento idóneo para ti.

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