¿Más ortodoncias por la falta de esfuerzo al masticar?

En algunas ocasiones el excesivo celo de los padres por evitar a sus hijos dificultades les lleva a originar otros. La dieta actual tiende a ser cada vez más blanda y fácil de tragar y digerir. Algo que puede ser contraproducente para la mordida de los niños, que encuentra cada vez menos resistencia al alimentarse a diario.
Para lograr que coman más rápido, para evitar que se atraganten… muchos son los motivos por los que los niños cada vez mastican menos alimentos duros, o no tantos como deberían: sándwiches en pan de molde en vez de bocadillos con pan crujiente, preparados de carne tipo nuggets en vez de filetes, cereales con leche al desayuno, purés, papillas, yogourt en vez de fruta…
Pero, si bien a nivel nutritivo estas variaciones en la dieta pueden ser eficaces, respecto a la salud de la boca es perjudicial ya que puede provocar dos problemas en la boca de los niños: por un lado un aumento del índice de caries (los alimentos blandos se quedan pegados a la superficie de los dientes mientras que los duros producen un efecto de arrastre y autolimpieza), y, por otro, el aumento en el número de maloclusiones (mal alineamiento de los dientes superiores e inferiores al morder), lo que aumenta la necesidad de tratamientos de ortodoncia.
De hecho la maloclusión es uno de los problemas más frecuentes entre los adolescentes actualmente: en torno al 50 por ciento de los niños presenta problemas de mordida, en parte debido a una mala elección de los alimentos, aunque existen otros factores, como los genéticos, los malos hábitos relacionados con el uso del chupete y el biberón, o el chuparse el dedo en la infancia. La dureza de los alimentos hace que los músculos ‘tiren’ de los huesos y los desarrollen, dejando espacio para los dientes sin que se tuerzan para buscar un hueco.

ortodoncia dieta blanda

Los niños cada vez comen menos alimentos duros y, por tanto, sus dientes “trabajan” menos

Peter Ungar, profesor en la Universidad de Arkansas, recuerda en su libro ‘El mordisco de la evolución: una historia de dientes, alimentación y los orígenes del ser humano’ (2017): “lo animales tienen los dientes perfectamente alineados. Nuestros ancestros homínidos más lejanos también; y lo mismo ocurre con los pocos pueblos del mundo que siguen viviendo de la caza y la recolección tradicionales”. Y es que, como ya os hemos explicado en este blog de las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela, una dieta excesivamente blanda hace que la mandíbula no se desarrolle adecuadamente. Según los estudios, un esfuerzo mayor al masticar (sobre todo en la época de crecimiento) tiene como resultado un mayor crecimiento del hueso en el que se anclan los dientes. Es decir, la dieta determina la adaptación de la mandíbula al tamaño de las piezas dentales. Nuestros antepasados no alimentaron a sus hijos con papillas y nuestros dientes no encajan porque evolucionaron para una mandíbula más larga, la que se hubiera desarrollado si hubiese sido sometida a un mayor esfuerzo. Las mandíbulas actuales son demasiado cortas porque no las hacemos trabajar como la naturaleza espera que lo hagamos.
Una mandíbula demasiado corta provoca más problemas, además de que los dientes se amontonen, por ejemplo la apnea del sueño es otro. Según Peter Ungar: “Tener la boca más pequeña significa que hay menos espacio para la lengua, con lo que es más fácil que ésta se caiga hacia la garganta durante el sueño y acabe bloqueando la entrada de aire. Así que no es extraño que cada vez más se utilicen aparatos e incluso la cirugía para llevar la mandíbula hacia delante en el tratamiento de la apnea del sueño obstructiva”.

Noticias Relacionadas:

Deja una respuesta

Tu dirección e-mail no será publicada.