Maloclusiones en los niños y ortodoncia infantil

Las maloclusiones dentales son uno de los problemas más habituales en salud bucodental, después de la caries y los problemas periodontales, según la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP). Las maloclusiones tienen la particularidad de que en muchos casos comienzan a manifestarse desde la infancia, por el desarrollo de la anatomía propia del niño (la genética cumple un importante papel) y también a ciertos hábitos infantiles como costumbres de succión nutritivas prolongadas, hábitos de succión no nutritivos (chupete o chuparse el dedo, por ejemplo) o hábitos funcionales, como la interposición lingual, la interposición labial, la respiración oral

Los hábitos como el  mordisqueo de las uñas, el bruxismo o la alimentación tienen una importancia enorme en la aparición de algunas maloclusiones. En este sentido, también hay que prestar atención a los problemas respiratorios o alérgicos en la infancia. En la actualidad cada vez son más frecuentes los casos de niños con problemas alérgicos que condicionan muchas veces la aparición de hábitos asociados de respiración oral.
También puede originarse por la pérdida temprana de dientes temporales (que puede generar apiñamientos dentales) y la pérdida de las relaciones oclusales.
Es por eso que la SEOP ha advertido que las maloclusiones tendrían que considerarse un problema de salud en la población infantil debido a su alta prevalencia.

maloclusión niños

Una respiración oral crónica, una posición lingual baja con deglución atípica o la pérdida prematura de dientes pueden favorecer la aparicion una maloclusión infantil

Existen básicamente tres tipos de problemas de oclusión infantil:
Clase I: Cuando existe una relación normal de ambos maxilares, que se encuentran en relación correcta, y el problema se centra en la posición adelantada de las piezas dentarias (con o sin apiñamiento) respecto a sus bases óseas. Para tratar la Clase I a veces hay que extraer piezas, y está presente en un 55 por ciento de la población.
Clase II: Cuando existe un adelantamiento del maxilar superior, con o sin posición retrasada de la mandíbula. Esta maloclusión tiene las estructuras dentarias maxilares (con apiñamiento o no) adelantadas con respecto a su base ósea maxilar. Su tratamiento es más sencillo que la de Clase I, incluso si necesita de extracciones. Afecta al 45 por ciento de los niños, y podría evitarse con tratamiento temprano.
Clase III: Se caracterizan por una situación de predominio mandibular (con una situación atrasada de maxilar superior). Son las menos habituales, ya que representan el 5 por ciento de todas las maloclusiones, pero su diagnóstico es mucho más difícil. Se caracterizan por una relación normal de bases óseas, pero con las estructuras dentarias inferiores hacia delante con respecto a la base ósea mandibular. Suele necesitar de extracciones para su tratamiento.
Afortunadamente los padres cada vez están más informados sobre todo lo que pueda estar relacionado con la salud de sus hijos y cada vez son más conscientes de lo importante que puede ser que sus hijos tengan una sonrisa sana y bonita, por lo que la demanda de tratamiento de las maloclusiones en niños ha aumentado en los últimos años.

Gracias a las diversas campañas informativas cada vez son más conscientes de la importancia de tratarlos precozmente. Si el tratamiento se hace en los periodos más activos del crecimiento dental y esquelético, los cambios provocados son más estables.
Como insisten desde AESOR, la Asociación Especialistas en Ortodoncia de la que el Doctor Pérez Varela es presidente, una visita al ortodoncista antes de los siete años de edad permitirá esa detección temprana.
El no realizar un tratamiento a tiempo puede generar una necesidad de tratamientos futuros más complicados, pero lo más importante es que puede derivar en una alteración de las distintas funciones orales, como alteraciones en la fonación, dificultad en la masticación, alteración de la deglución o, entre otras cosas, hábitos labiales inconvenientes.
Hay muchos estudios que revelan una asociación entre cierto tipo de maloclusiones (mordidas cruzadas y mordidas abiertas, por ejemplo) con desórdenes respiratorios durante el sueño en niños y a su vez pueden convertirse en un factor predictivo de alteraciones respiratorias, como el síndrome de apnea-hipopnea del sueño en el paciente infantil.
Los tratamientos interceptivos evitan que el problema vaya a más. Generalmente se inician y concluyen durante la dentición temporal o mixta, aunque puede ser necesaria una corrección posterior, ante la aparición de otra anomalía.
En muchas otras ocasiones se producen maloclusiones que requieren tratamiento ortodóncico, aunque sea con aparatos simples. Los tratamientos interceptivos se orientan, por tanto, a la corrección de toda alteración incipiente, dado que, de no tomarse algún tipo de medidas se suele agravar la maloclusión.
Cuando no es posible el tratamiento interceptivo (o ha sido insuficiente por la naturaleza de la maloclusión), el correctivo se hace imprescindible. Lo habitual es comenzar estos tratamientos alrededor de los diez o los doce años y suelen concluirse cuando la dentición permanente se ha completado (excepto las del juicio).
Algunos problemas de oclusión, por sus dificultades o las implicaciones que tienen en otros aspectos de la anatomía o el desarrollo del menor, requieren la intervención de otros profesionales, como los cirujanos maxilofaciales. En general, la maloclusión más difícil de tratar es la maloclusión esquelética de clase III. En los casos más graves hay que recurrir a un tratamiento combinado ortodoncia y cirugía ortognática cuando el paciente ya es adulto.
Si crees que tu hijo puede tener problemas de oclusión, o está próximo a cumplir los 7 años, no dudes en consultarnos en las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela de Santiago de Compostela y Ourense.

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