Los dientes de los soldados muertos de Waterloo se usaron para hacer dentaduras postizas

La batalla de Waterloo fue la más terrible derrota de Napoleón. En el campo de batalla 50.000 hombres yacían muertos o heridos y la ocasión fue aprovechada por los habitantes de esta región belga que, usando todo tipo de herramientas como cinceles, tenazas o martillos, arrancaron los dientes en buen estado a los soldados muertos para poder venderlos por una elevada cantidad de dinero. Y es que en 1815 la odontología era una especialidad aún incipiente y los ricos tenían la boca en muy mal estado, con dientes picados y muelas podridas, ya que la higiene bucodental brillaba por su ausencia y, en cambio, el azúcar comenzó a ser asequible para clases altas y también medias. Por otra parte empezaban a probarse los primeros tratamientos de blanqueamiento dental, con soluciones ácidas que terminaban dañando el esmalte.
Por estos motivos, y como el concepto de prevención no existía, los dientes se arrancaban sin reparos, y la demanda de piezas para dentaduras postizas crecía sin parar.
El desdentado tenía dificultades para morder, pero además acababa por tener los carrillos hundidos, hablaba con dificultad y se veía muy envejecido.

Dientes postizos BRITISH DENTAL ASSOCIATION MUSEUM

IMAGEN: BRITISH DENTAL ASSOCIATION MUSEUM. Las caricaturas de la época, como ésta de 1787, ironizaban sobre los dientes arrancados a los más pobres de la sociedad para los más pudientes.

Las primeras dentaduras postizas daban más o menos el pego estético, pero a nivel funcional eran tan precarias que incluso tenían que retirárselas en algunos casos para comer, por lo que no cumplían su utilidad principal.
Inicialmente se hicieron con una base de madera, porcelana o marfil en la que se incrustaban dientes de animales, de reos patibularios o del producto de la rapiña de los profanadores de tumbas.
En las piezas talladas en hueso o marfil la falta de esmalte generaba un sabor podrido en la boca y un pestilente aliento. Las dentaduras postizas de dientes humanos, en cambio, resistían el desgaste y mantenían su color. Por aquel entonces una hilera de dientes genuinos se pagaban muy bien, por ello muchos pobres desesperados con buena dentadura se veían obligados a desprenderse de ellos.
Como anécdota sirve el ejemplo del mismísimo George Washington, que tenía una dentadura tan estropeada que se hizo extraer todas las piezas para sustituirlas con diversas dentaduras postizas. Algunas de ellas aún se conservan en el National Museum of Dentistry de Baltimore. Estas dentaduras estaban fabricadas con oro, marfil de hipopótamo, plomo, dientes de caballo y de asno, pero también con dientes humanos que podían comprarse en el mercado negro. Se los sacaban a personas pobres, siempre y cuando no fueran esclavos negros.
En 1774 comenzaron también a usarse dientes de porcelana, pero se desconchaban con mucha facilidad, por eso la rapiña que se produjo en los cadáveres de la escabechina de la batalla de Waterloo abasteció a los dentistas de toda Europa y del otro lado del Atlántico, ya que la mejor alternativa a un diente humano era otro diente humano.

BRITISH ASSOCIATION MUSEUM

IMAGEN: BRITISH DENTAL ASSOCIATION MUSEUM. Las caricaturas de la época, como ésta de 1787, ironizaban sobre los dientes arrancados a los más pobres de la sociedad para los más pudientes.

Tanto fue así que, con independencia de su verdadero origen, las piezas dentales sustitutorias comenzaron a llamarse dientes de Waterloo, ya que se consideraban de mayor calidad. Se pensaba que era mejor llevar los dientes de un joven muerto debido a una bala de cañón o atravesado por un sable, que los provenientes de un cadáver putrefacto de la morgue que arrancaban los profanadores de tumbas, o los de un ahorcado.

dentadura postiza BRITISH DENTAL ASSOCIATION MUSEUM

FOTO BRITISH DENTAL ASSOCIATION MUSEUM.
Dientes provenientes de la boca de soldados muertos

En aquel momento eran profesionales como los joyeros los que ajustaban esas dentaduras, poco que ver con un profesional sanitario.
Tuvieron que pasar muchos años para que Reino Unido introdujera la primera formación para odontólogos y no fue hasta 1878 que se aprobó la primera legislación relacionada con esta práctica y para se creara el primer registro de dentistas (1879).
La salud bucodental no empezó a mejorar hasta muy entrado el siglo XX, cuando, entre otras cosas, se añadió fluoruro al dentífrico.

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