Cómo lograr una sonrisa (y una mordida) perfecta desde pequeños

Sonreír sin complejos contribuye mucho a la felicidad de cualquiera. De niños no tenemos la misma percepción de la estética que cuando somos adultos, pero según vamos cumpliendo años empiezan a surgir los complejos. En concreto respecto a la sonrisa es frecuente que muchos adolescentes adquieran el hábito de taparse la boca al sonreír, o incluso de inhibir la sonrisa, debido a unos dientes torcidos o a unos maxilares mal posicionados.
Hay factores genéticos o hereditarios que provocan estos problemas de malposición dental, pero también hay factores ambientales y hábitos que pueden ser la causa de que los dientes se tuerzan, o incluso generar problemas de mordida.
Como os hemos explicado en este blog de las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela de Santiago de Compostela y Ourense hay ciertas costumbres que pueden desembocar en maloclusión o malposición dental si no se eliminan a tiempo, como chuparse el dedo, uso excesivamente prolongado del chupete, proyección lingual o succión de labio. Estos hábitos, si se realizan con frecuencia pueden llegar a ocasionar un cambio de orientación en las arcadas dentarias, desplazándose hacia delante la superior y hacia detrás la inferior, lo que provocaría además un problema de oclusión (la falta de contacto entre los incisivos superiores e inferiores al morder). Una mala respiración por la nariz, debido a la inflamación de amígdalas y vegetaciones o por alergias nasales perjudican el desarrollo normal de la dentadura y sus huesos correspondientes por lo que pueden acabar desarrollando una maloclusión. Cuando el dentista de cabecera o los padres observan estos hábitos es aconsejable que lo revise un ortodoncista y determine si es necesario realizar un tratamiento preventivo para la eliminación de los hábitos deformantes infantiles, generalmente en la dentición temporal (de 3 a 6 años).
Hay también otros factores que pueden acabar generando la necesidad de someterse a un tratamiento de ortodoncia, como la pérdida temprana o la excesiva tardanza en el recambio de los dientes de leche. También problemas dentales como caries, poca higiene bucal, ciertas enfermedades periodontales (que tienden a movilizar los dientes y dan lugar a una mala colocación) y en casos extremos una alimentación inadecuada (por ejemplo, el abuso de dulces complica la aparición de la dentadura definitiva) o incompleta (el excesivo consumo de alimentos blandos propio de la alimentación actual merma el tamaño de los huesos con lo que no hay suficiente espacio para albergar toda la dentadura).
Es por ello que, como recomiendan las principales asociaciones de ortodoncistas del mundo, entre ellas la Asociación Española de Especialistas en Ortodoncia que preside el Doctor Pérez Varela, es necesario que los padres lleven por primera vez a los niños al ortodoncista, entre los 6 y los 7 años para que se les realice una revisión de su dentadura.

niños ortodoncia

Una revisión ortodóncica a los 6 años evitará tratamientos más complejos y costosos en la edad adulta

A esta edad los dientes incisivos superiores e inferiores, en general, ya son los definitivos o están erupcionando, por lo que se puede realizar un diagnóstico precoz de posibles alteraciones del crecimiento óseo, para poder realizar un tratamiento interceptivo si fuese ese el caso (estos tratamientos persiguen facilitar la salida normal de los dientes definitivos y mejorar el tamaño y la posición de los huesos maxilares).

Aunque varía de un paciente a otro, el tratamiento de ortodoncia suele realizarse cuando el niño ha terminado de cambiar los dientes, es lo que se denomina tratamiento correctivo y suele realizarse entre los 12 a 15 años.

Cuando por el motivo que sea estos tratamientos no se realizan a la edad adecuada (durante la etapa de crecimiento) también puede corregirse la dentadura en edad adulta. De hecho, con la edad los dientes (sobre todo los inferiores) tienden a apiñarse, por lo que hay personas que de adolescentes no necesitaron someterse a tratamiento y que en cambio necesitan hacerlo de adultos. En los casos en los que se quiere someter a tratamiento con discreción existe la posibilidad de recurrir a la ortodoncia lingual (ortodoncia invisible) o a las férulas transparentes, que son prácticamente imperceptibles.

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