La pérdida de dientes está relacionada con la fragilidad musculoesquelética según diversos estudios

La pérdida de dientes afecta directamente a los huesos (incluso llegando en los casos más graves a la pérdida ósea) También puede perjudicar el habla, la masticación (y por tanto a la digestión), no únicamente a la estética facial, como ya os hemos explicado en anteriores post de este blog de las Clínicas de Ortodoncia Pérez Varela de Ourense y Santiago de Compostela.

Pero, además, un estudio del King’s College London Dental Institute, ha corroborado la relación entre la pérdida de una o más piezas dentales con la fragilidad musculoesquelética, sobre todo a partir de 50 años.  La falta de ingesta de nutrientes entre los usuarios de dentaduras postizas debido a su incapacidad para comer alimentos específicos, ya que su fuerza de mordida es más débil, es una de las posibilidades que apuntan los investigadores. Los autores del estudio recuerdan que las personas mayores deben ser capaces de masticar eficazmente para ingerir los nutrientes esenciales necesarios para mantener la masa muscular y prevenir la fragilidad musculoesquelética.

Los resultados de esta investigación, sumados a los de anteriores estudios, apuntan a que uso de la dentadura postiza podría tener un impacto preventivo en la fragilidad muculoesquelética. Además también se incide en la necesidad de fomentar la salud oral para que los mayores mantengan la dentición funcional durante toda la vida.

Aún así, son necesarios más estudios que analicen la relación entre la enfermedad periodontal, el número de piezas dentales y la fragilidad general.

edentulismo

El edentulismo o falta de dientes puede provocar una disminución del hueso de la mandíbula

No hay que olvidar que el edentulismo o falta de dientes puede provocar una disminución del hueso mandibular. El hueso alveolar necesita estimulación para mantener su forma y densidad, lo que, cuando no existe ninguna raíz del diente que la transmite, desaparece. La falta de estimulación provoca una pérdida de la anchura del hueso, seguida de una pérdida de la altura y, por último, del volumen del hueso.

Esta disminución del hueso conlleva una reducción de la encía, lo que puede perjudicar la capacidad de hablar y masticar. Pero además, una vez que el hueso alveolar se ha perdido, el hueso base de la mandíbula también comienza a reabsorberse, con lo que la distancia desde la nariz hasta la barbilla comienza a reducirse, lo que afecta a la estética facial, pero también a la funcionalidad de la boca.

Esta pérdida de hueso avanza si no se reemplazan con implantes los huecos dejados por los dientes.

 

 

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