¿Existe relación entre problemas posturales y maloclusión dental?

¿Una mala postura puede provocar problemas de oclusión? Los problemas posturales suelen acarrear alteraciones funcionales y estéticas y habitualmente se inician en la niñez por no corregir a tiempo posturas incorrectas.

El cuerpo no está formado por unidades independientes, por lo que lo que sucede en una parte del organismo, afecta a otras aunque estén en zonas que, aparentemente, no tienen nada que ver (como los pies y la articulación temporomandibular).

Durante la etapa de crecimiento, una mala postura puede afectar al equilibrio cefálico (control de la posición de la cabeza) y la posición de la mandíbula, lo que puede influir en el crecimiento y desarrollo de los maxilares y arcos dentarios originando maloclusiones.

Numerosos estudios han analizado la relación entre el dolor craneocervical con la columna cervical, la cabeza y las estructuras dentofaciales. Pero, además, en los últimos años se está investigando la vinculación entre la huella plantar, las maloclusiones y la postura.

postura oclusion

Existen estudios que ponen de manifiesto que algunos problemas posturales pueden generar problemas en la oclusión dental

Estudios como “Correlación de maloclusión, huella plantar y posturología en el paciente adulto” de Adriana Gómez Munilla vinculan la oclusión, la postura y el arco plantar. Su investigación puso de manifiesto que los pacientes clase II tenían predominantemente la curvatura cervical disminuida, mientras que los que padecían maloclusión clase III tenían disminuida las dos curvaturas.
También se observó pie cavo en pacientes con maloclusión de clase I, II y III y pie plano en pacientes con maloclusión de clase I y III.

Las conclusiones de esta investigación señalan una mayor disminución en la curvatura cervical en mujeres con maloclusión de clase II, y menor curvatura lumbar (tanto en hombres y mujeres) con maloclusión de clase III.
La estructura del pie y la consolidación del arco plantar aparece en la primera etapa del desarrollo infantil (hasta los 5 años) y se calcula que este proceso termina entre los 6 y los 12 años.

Síndrome Malposicional Descendente

Los apoyos del pie pueden variar en relación con la oclusión dental. Por ejemplo, para buscar el equilibrio postural, los niños con síndrome malposicional descendente con maloclusiones de clase II o III suelen adoptar posturas para compensar su retracción o protrusión mandibular (en función del tipo de maloclusión).
Los niños con clase II o con mandíbulas distales al maxilar intentan compensarlo adelantando la posición de la cabeza, lo que repercute sobre la articulación temporomandibular (ATM) y sobre la columna cervical y, por extensión, en todo el resto de la columna vertebral.
Los niños con clase III o con mandibular mesiales al maxilar, tienden a echar la cabeza hacia atrás en una postura anormal, lo que afecta a la columna vertebral y a la postura general.
Cuando existe una desviación de la línea media dental y un desplazamiento de la mandíbula se puede producir una escoliosis cervical y, como compensación, la columna del dorso realiza otra escoliosis en sentido inverso y la columna lumbar hará otra escoliosis en el mismo sentido de la escoliosis cervical.
Estas modificaciones posturales provocan una disminución de la irrigación de la arteria vertebral con vértigos, alteraciones en la visión (visión borrosa), cefaleas vasculares, y también una comprensión de las raíces nerviosas del plexo braquial provocando sintomatología dolorosa en el miembro superior, así como una disminución de la fuerza muscular.
Además, pueden producirse otros síntomas como fatiga, disfunciones gastrointestinales, dificultad para respirar, arritmias cardiacas, y anomalías en la marcha por aparente longitud de miembros inferiores.

Síndrome Malposicional Ascendente

Si se apoya la planta mal, en el síndrome malposicional ascendente puede provocar cefalea o lumbalgia.
Los pacientes que tienen lesiones en la postura debido a malformaciones en las plantas de los pies pueden llegar a desarrollar este síndrome postural.
Cuando se tiene un pie normal, el apoyo no se realiza sobre todo el pie, sino que el arco interno lo eleva en su parte media (puente o empeine). Esto contribuye a que la postura del adulto sea adecuada.
La huella plantar tiende a presentar mayor carga en la zona del antepié y en la zona del retropié o talón, por lo que la distribución del peso corporal es equilibrada, lo que posibilita mantener una postura de bipedestación (en pie) armoniosa. Lo ideal es que exista un apoyo de todos los dedos (con mayor tamaño del pulgar), mientras que en el resto de los dedos se marca sólo el pulpejo.
Un paciente con un pie normal y buena pisada tendrá una buena postura y una buena mordida (normoclusión, clase I) y no tendrá sobrecarga de la ATM ni de columna vertebral.
En los adultos con pie plano hay una pérdida o hundimiento del arco medio del pie (puente o empeine) y la planta se apoya completamente sobre el suelo. Esto puede provocar que, al intentar adoptar una “postura compensatoria” el paciente tenga protrusión mandibular.
En adultos con pie cavo (aumento del arco del pie) el apoyo del pie se realiza en menos zonas de los habituales y con frecuencia también se produce una alteración del talón, que se desplaza hacia adentro. La falta de contacto de la zona plantar con el suelo hace que exista un estímulo sensorial adecuado para que el cuerpo se mantenga en equilibrio, lo que provoca que el pacient, en busca de equilibrio postural, adopte posiciones inadecuadas causando escoliosis en la columna vertebral y reubicación de la postura de la cabeza y de la Articulación Temporomandibular.

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