Errores frecuentes que ponen en riesgo tu salud dental

Una mala higiene dental no siempre es producto de la dejadez, sino en algunos casos, de no estar haciendo las cosas bien. Son muchas las personas que están tranquilas pensando que se cuidan la boca, cuando en realidad están perjudicando tu salud bucodental.
Cepillarse los dientes de manera incorrecta
La mayoría de la gente sabe que debemos de limpiarnos los dientes 2 o 3 veces al día o después de cada comida, y que el cepillado más concienzudo debería ser el de antes de dormir.
Pero es fundamental hacerlo de forma adecuada. Usar el cepillo incorrecto (es frecuente la creencia de que los más duros “limpian más”) o con excesiva intensidad (si frotamos demasiado fuerte se puede desgastar el esmalte, generar hipersensibilidad dental o retraerse de encías).
Para hacerlo bien, empezar el cepillado siempre por el mismo sitio no es buena idea, ya que está estudiado que tendemos a esforzarnos más al comienzo y a relajarnos a medida que avanza el cepillado, por lo que si lo hacemos cada día en idéntico orden, siempre dejaremos desatendidas las mismas zonas.
El objetivo del cepillado debe ser eliminar los restos de comida y los microbios, no extenderlos por la boca. Por eso hay que cepillarse de arriba a abajo, no de derecha izquierda, pues de esta forma no corremos el riesgo de arrastrar los restos debajo de la encía, lo que genera sarro y puede acabar produciendo gingivitis.
También hay gente que cree que cuanta más espuma hace el dentífrico, más limpia o que el enjuague bucal cuanto más pica es más eficaz, cuando los colutorios fuertes o con mucho alcohol pueden perjudicar las encías y provocar sequedad de los tejidos orales.

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Cepillarse los dientes 3 veces al día no es suficiente para una buena higiene oral, hay que hacerlo correctamente

Cepillarse los dientes justo después de comer. Es conveniente esperar 30 minutos después de ingerir alimentos o bebida para evitar el desgaste dental. En vez de ello, lo mejor que podemos hacer tras una comida es enjuagarse la boca con agua.
No dar importancia a que sangren las encías: El sangrado es un signo de alarma en cualquier lugar del cuerpo y, lógicamente, aunque algunos piensen que es normal que sangren las encías, que lo hagan es un signo de inflamación y de enfermedad.
Sustituir la limpieza bucal por un chicle.
Masticar chicle (así como alimentos crujientes como frutas y verduras) genera un efecto de autolimpieza por arrastre y aumento de la salivación, lo que contribuye a la eliminación de la placa. Este truco es muy bueno para cuando comemos fuera de casa de manera imprevista, pero no es un sustituto del cepillado y uso de seda dental y enjuagues.
Pensar que la pérdida de un diente es solo un problema estético.
Las consecuencias de la pérdida de una pieza dental van mucho más allá de la estética. Los otros dientes tienden a moverse para “rellenar” el hueco que deja el diente o muela perdida, provocando desequilibrios en la boca y problemas en la masticación. En algunos casos también puede atrofiarse el hueso en la zona donde no hay diente.

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