El prognatismo mandibular de los Austrias empeoró por la endogamia

Un equipo de cirujanos y  genetistas (entre los que está Gonzalo Álvarez, de la Universidad de Santiago de Compostela) ha confirmado la relación entre el prognatismo mandibular típico de los Austria y los matrimonios entre parientes tan frecuentes en la realeza de aquella época (fruto del lema “Bella gerant alii, tu felix Austria nube” – que otros hagan guerras, tú, feliz Austria, cásate-).  Para ello, los científicos han estudiado un árbol genealógico de 6.000 miembros de 20 generaciones de los Habsburgo confirmando lo que ya se suponía: que a mayor parentesco entre los padres, mayor era la desfiguración que padecían sus descendientes.

El caso más evidente fue el de Carlos II, que nació enfermizo, murió joven y sin descendencia, y fue el ultimo rey de los Austrias (la rama española de los Habsburgo).

maloclusion

Los distintos retratos de Carlos II reflejan claramente su acusado prognatismo mandibular

La “mandíbula de los Habsburgo”, considerada tradicionalmente un ejemplo de prognatismo mandibular , debe su nombre a que era una característica típica de los Habsburgo (aunque los miembros de esta dinastía también tenían otros signos de deformidad facial como un labio inferior evertido, también conocido como “labio de Habsburgo”, y narices con una joroba dorsal y una punta nasal sobresaliente, también conocida como “nariz de Habsburgo”, que a menudo son indicativos de deficiencia maxilar).

deformidad mandibular

En los retratos de carlos I, carlos II, Felipe II y Felipe III también se observa un claro prongatismo

Florencio Monje, Presidente de la Sociedad Española de Cirugía Oral y Maxilofacial y de Cabeza y Cuello, dirigió los diagnósticos (realizados a partir de los retratos al óleo y apoyados en documentos históricos) y destacó la descripción del rey Carlos V que hizo su cosmógrafo Alonso de Santa Cruz: “Su mayor fealdad era la boca, porque tenía la dentadura tan desproporcionada con la de arriba que los dientes no se encontraban nunca; de lo cual se seguían dos daños: el uno el tener el habla en gran manera dura, sus palabras eran como belfo, y lo otro, tener en el comer mucho trabajo; por no encontrarse los dientes no podía mascar bien”.

El estudio se publicó en la revista Annals of Human Biology.

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