¿Por qué hay que corregir los problemas ortodóncicos incluso en la edad adulta?

¿Ya has superado la adolescencia pero te gustaría mejorar la estética de la sonrisa o tienes un problema de mordida? ¡No te preocupes! aunque es verdad que el proceso de crecimiento del organismo favorece el movimiento dentario (con lo que los tratamientos de ortodoncia son más rápidos), no hay límite de edad para hacerse un tratamiento de ortodoncia, siempre y cuando se tengan sanas las encías y un buen nivel del hueso. Estudios recientes confirman que no hay ningún inconveniente en someter la dentadura a las fuerzas necesarias para que se produzca el movimiento, si el profesional tiene la formación adecuada.

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No hay límite de edad para someterse a un tratamiento ortodóncico

En algunos casos hay signos evidentes de que el paciente necesita un tratamiento ortodóncico. Suelen ser malposiciones dentales o problemas de mordida que el propio paciente nota. Pero existe un elevado número de casos en los que el paciente no es consciente de que tiene un problema bucodental y es necesario que un profesional lo diagnostique. Son sobre todo problemas de salud (y no tanto de estética) como, por ejemplo, quienes padecen síndrome del ATM  o articulación temporomandibular (que puede ocasionar dolores de oído, cabeza, cuello o espalda durante años sin que se identifique su origen en la boca) y lo ignoran.

Mucha gente tampoco sabe aún que un tratamiento combinado de ortodoncia y cirugía ortognática puede mejorar sustancialmente la calidad de vida de quienes sufren apnea del sueño permitiendo, incluso, que puedan dormir sin estar conectados a un aparato que les ayuda a respirar cuando se producen las paradas o apneas.

Pero, además, hay casos en los que el problema ortodóncico se produce en la edad adulta, ya que la sonrisa también envejece. De la misma forma en que la piel pierde firmeza y se arruga, o el pelo canea… las piezas dentales tienden a apiñarse (especialmente las inferiores). Por ello, a partir de los 40 años empiezan a hacerse visibles los cambios y los problemas que origina el envejecimiento propio de los tejidos y las estructuras bucodentales.

Entre otras cosas, con la edad el esmalte se vuelve más traslucido, lo que hace aparecer la dentina interna, amarilleando el diente; con el paso de los años las piezas dentales se desgastan (la parte superior y más picuda de los dientes se van “limando” y aplanando, hasta llegar a perder totalmente el esmalte) y puede producirse retroceso gingival (cambios en la encía que hacen que se exponga el cuello dental), o el adelgazamiento del epitelio, la superficie se va volviendo más opaca (menos brillante), o las rugosidades menos acentuadas.

Otro motivo que puede llevar a una persona adulta a la consulta de un ortodoncista es la pérdida de piezas dentales, que puede producirse con la edad, o a causa de problemas en las encías. Aunque cada vez son menos frecuentes las personas sin dientes, hay casos de personas que pierden piezas dentales y no las reemplazan inmediatamente, lo que provoca que las contiguas tiendan a desplazarse y vayan ocupando el espacio de la que se ha caído o eliminado en una extracción.

Por una parte, la falta de piezas dentales provoca consecuencias sobre la sonrisa: las comisuras de los labios se agrietan y se hacen fisuras; la boca pierde su forma y se vuelve  más recta; el mentón se vuelve más puntiagudo; se forman bolsas en los laterales;  los labios se vuelven finos y aplanados… Pero además de estos problemas estéticos, la falta de piezas dentales puede acabar provocando una maloclusión (que las piezas superiores no encajen con las inferiores) con los problemas que ello puede acarrear: posturales, digestivos, de equilibrio….

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