Convierte al Ratoncito Pérez en el aliado de la salud oral de los niños

Si hay un personaje fantástico vinculado a la salud dental, ése es, sin duda, el Ratoncito Pérez. La invención de este simpático roedor que forma parte del acervo cultural imaginario de los niños españoles y de algunos países latinoamericanos, se atribuye a Luis Coloma, jesuíta y periodista español que escribió un cuento para para el futuro Rey Alfonso XIII, cuando se le cayó un diente a los 8 años.

Ahora la Sociedad Española de Periodoncia y Osteointegración (SEPA) propone aprovechar la figura de este personaje mítico que lleva intercambiando los dientes de leche de los niños por monedas o regalos desde finales del siglo XIX, para inculcar buenos hábitos orales en los pequeños en un momento muy importante de su desarrollo.

Así, la odontopediatra de la SEPA Diana González Gandía, sugiere que <<el Ratoncito Pérez puede ayudar a que tengan un buen comportamiento y a tener una higiene dental más intensa en tiempo de cepillado y días anteriores a la caída del diente. En algunos niños puede suceder que la molestia de la movilidad del diente hace que evite la higiene dental en esa zona>>.

Estas son algunas de las pautas para aprovechar la existencia de este mito en favor de la salud oral de los pequeños:

-Explicar al niño que el Ratoncito Pérez tiene que recoger los dientes y muelas en perfectas condiciones para que pueda disfrutar de ellos, con la intención de que cuiden su dentadura.

– Inculcarles que, para que los dientes que vendrá a buscar el Ratoncito no tengan caries ni sarro, han de cepillarse tres veces al día (después de cada comida), especialmente por la mañana y por la noche (ya que hay menos autolimpieza porque se está inactivo).

Fomentar la masticación intentando que coma cosas duras como zanahorias, manzanas, frutos secos, en vez de alimentos blandos y de otros que contienen azúcar como galletas, cereales… o aperitivos salados como gusanitos o ganchitos para que desarrollen correctamente los maxilares.

– Cuando empiece a moverse un diente deben seguir limpiándolo con cuidado, pero mucho rato. Así la encía no se inflama y caen con más facilidad.

-Para que aprendan a cepillarse y adquieran el hábito los padres deben hacer que los niños se cepillen por si mismos durante dos minutos supervisándolos, y luego repasándolo (para que queden correctamente limpios) por lo menos hasta los 10 a 12 años. A esa edad ya deben tener suficiente destreza manual para hacerlo correctamente ellos solos.

La figura del Ratoncito Pérez es más importante durante la primera fase del recambio dentario, que comienza sobre los seis años con la caída los incisivos inferiores centrales de leche, sigue con los incisivos superiores centrales y acaba sobre los ocho años con los incisivos laterales superiores e inferiores. La primera fase del recambio dentario se contempla con la erupción de los molares de los seis años.

raton perez

El Ratoncito Pérez puede ayudarnos a que los niños empiecen a responsabilizarse del estado de sus dientes

Cuándo revelar que el Ratoncito Pérez no existe

Por otra parte, la psicóloga y autora del libro “La benevolencia” Carmen Durán explica que este personaje (igual que la anglosajona “hada de los dientes”) <<ayuda a los niños a asumir la pérdida de sus dientes de leche, al recibir un premio por ellos, haciendo más llevadero ese pequeño trauma>>, y que, la revelación de que este personaje es ficticio debe realizarse <<cuando en cada niño se instaure el principio de realidad. Cuando los niños empiecen a cuestionarse cómo es posible que entre un ratón a su cama, como se puede llevar los dientes, para qué… alargarlo, es como querer alargar la infancia y escaparse de los límites de la realidad>>. Como regla general, la “existencia” de los personajes fantásticos infantiles debe mantenerse hasta que tengan suficiente madurez como para asumir que los padres no engañan, sino que crean ilusiones, o bien hasta que el niño lo descubra por los comentarios de compañeros del colegio, cosa que suele producirse más o menos en el mismo momento (en torno a los 9 años).

Fuente: De mamas & de papas (El País)

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