Biberón y salud bucodental de los bebés

La lactancia materna es de vital importancia para el bienestar general y emocional del bebé, pero no siempre es posible evitar complementarlo con el biberón.
Según la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Española de Pediatría y su homóloga Americana, si la lactancia materna es adecuada, el niño estará perfectamente alimentado hasta los 6 meses, momento en el que se precisa la introducción de alimentación complementaria.
Algunos estudios odontológicos recientes indican que la falta de lactancia materna o un periodo corto de lactancia hace que los niños adquieran hábitos nocivos de succión y deglución, que puede conllevar a posteriores alteraciones dentales y maxilares. Pero estas alteraciones también pueden aparecer en niños alimentados con lactancia después de la erupción del primer diente, sobre todo si no existe una higiene oral adecuada o si, como sucede durante el sueño, los factores protectores de la saliva se encuentran reducidos. Por esta razón, a partir de que nacen los primeros dientes no es recomendable que el bebé ingiera leche durante el sueño. En caso de que un niño se quede dormido mientras es alimentado, es de gran importancia limpiarle los dientes antes de acostarlo.
Hay muchos motivos para recurrir al biberón: cuando la lactancia materna no es eficaz, cuando el bebé padece alguna enfermedad que obliga a introducir complementos o cuando la mamá está ha de ingerir fármacos incompatibles con la lactancia.
El biberón sólo debe utilizarse como vehículo para la leche materna o el agua. Otros líquidos, como los zumos u otras bebidas dulces, deben ofrecerse en tacitas, ya que contienen azúcar. La Sociedad Española de Odontopediatría recuerda que chupar el biberón lleno de estos líquidos puede causar la llamada “caries de biberón”, por lo que no es recomendable que el bebé esté pegado a este instrumento cuando lleve bebidas azucaradas para evitar la permanencia de los azúcares sobre los dientes excesivo tiempo en la boca.

El biberón tiene efectos sobre la arcada de dientes porque, al igual que con el chupete, el niño hace el movimiento de succión. A los 18 meses o al año, el niño ya sabe comer perfectamente y no conviene dárselo.
Para prevenir las maloclusiones, se recomienda el uso de una tetina anatómica con un orificio pequeño, ya que favorece el movimiento anterior de la mandíbula y la coordinación de la succión, la deglución y la respiración.

Los biberones con tetinas anatómicas ayudan a prevenir las maloclusiones

Los biberones con tetinas anatómicas ayudan a prevenir las maloclusiones

El uso del biberón debe abandonarse progresivamente a partir de los 12 meses, para fomentar el cambio de la alimentación a través de succión hacia la masticación. Por este motivo es bueno intentar que los pequeños aprendan a beber de una taza hacia el primer año. Después de los 18 meses, la masticación se vuelve más eficiente, ya que aparecen en el niño los primeros molares y caninos. A partir de ese momento es cuando se debe abandonar definitivamente el biberón. Si seguimos dándoselo propiciamos la aparición de una deglución atípicas y posteriormente, maloclusiones.

Consejos para hacer un buen uso del biberón:

• Intentar que el orificio del biberón tenga un flujo similar al de los senos maternos para que el bebé haga los ejercicios de succión necesarios.

• Dar el biberón con el niño en una posición vertical para que realice una succión con mayor esfuerzo y se promueva un correcto crecimiento de la boca.

• No añadir azúcar, miel o endulzantes a la tetina del biberón.

• Evitar el biberón nocturno a partir de la aparición del primer diente.

• Limitarlo a los 12-18 meses. Desde esa edad, es aconsejable que se beba de una taza.
Tanto en el caso del chupete como en el de la tetina del biberón no es esterilizarlos, sino que un buen lavado es suficiente. No ocurre lo mismo con la costumbre de utilizar la propia saliva como método de limpieza, ya que se pueden transmitir gérmenes de la boca del adulto a la del pequeño.
Fuente: Guía de orientación para la salud bucal en los primeros años de vida (Acta Pediátrica) y Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP).

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